1931 – 1976

Noviembre, 2010
Soy Michael Smith
paisa con nombre de gringo, nacido en Medellín, bautizado en Envigado e instalado en Nueva York desde los 29 años..
La razón por la cual estoy haciendo esta otra página es por un sueño que he querido cumplir desde hace muchos años, y que finalmente ahora estoy haciendo realidad.
Esta es la historia
Gonzalo Arango fue y es una parte vital de mi vida.
Gonzalo no solo fue mi amigo, «mi compa», , «mi compañerito» (como con cariño nos llamábamos),
sino también lo más cercano a un padre que he tenido.
El Gonzalo Arango del que les hablo es el Gonzalo de la década de 1960.
El Gonzalo que tuvo como compañerita a mi madre, Rosa Girasol.
(y claro que Gonzalo también compartió durante esa época su amor infinito donde enarboló la túnica de una mujer. ..)
Durante esa década, Gonzalo pasó mucho tiempo viviendo con nosotros en «Todaspartes», nuestra casa en Envigado.
Esos fueron, definitivamente, años impactantes y formadores.
Gonzalo me regaló mi primera guitarra y mi primer rifle de copas. Los dos éramos capricornianos y compinches.
Su generosidad, su forma de ser y su cariño están siempre conmigo.
Crecí rodeado de «Nadaístas», unos seres humanos bastante particulares. Según comentarios que oía en esa época:
«La mamá de Michael no cree en nada».
Esta es la historia
Ahora vuelvo al tema de mi sueño, de la misión por cumplir...


Muchos de ustedes recordarán el disco «Nadaísmo, Gonzalo Arango». Para mí es una obra de arte, una celebración de la vida, un tesoro, un regalo.
Pueden escucharlo acá en la página web hermana: www.gonzaloarango.com.
Discos Bambuco realizó una excelente labor y produjo este disco con un formato de presentación creativo y generoso.
Sin embargo, años después, Gonzalo concibió un segundo proyecto de audio con nuevo material.
Yo acababa de conseguir una casetera en Estados Unidos y Gonzalo me la pidió prestada. Con gusto se la entregué.
En un lote detrás de nuestra casa, mi madre había construido un rancho de tres niveles y ahí era donde ella hacía su cerámica. Allí escribía y allí se quedaba con Gonzalo cuando él visitaba la ciudad. Fue allí también donde Gonzalo creó el proyecto que yo algún día tendría que compartir y difundir.
Mucho tiempo después de su muerte desenterré el casete y con algo de temor llamé a mi amigo Iván Darío López, integrante de la banda Los Yetis, para que lo escuchara.
Iván, emocionado, me contó que había un material muy valioso, incluyendo un relato donde Gonzalo, diez años antes del accidente, profetizaba su propia muerte en un automóvil «que no regresaría a la ciudad, no iba a ninguna parte..»
Me comuniqué con familiares de Gonzalo y obtuve el permiso para publicar el material. Luego contacté diversas casas disqueras pero nadie reaccionó con interés.
Ahora, gracias a internet, he encontrado el medio perfecto para traer de nuevo a Gonzalo, fresco y digitalizado, y escuchar lo que nos quería contar. Así, cumpliendo con el objetivo de hacer público este material, mucho de él inédito o que luego serían publicados con títulos distintos, que nos muestra al Gonzalo de los años 60 —con su rebeldía, su pasión, su compasión y su fino sentido de humor—, estoy ya en el borde del precipicio para poder finalmente tirar al vacío su presencia y su voz.
