Darío Lemos

Jericó, marzo 25,1942 - Medellín, abril 13,1987

«En síntesis, soy un poeta sin antecedentes, y no dejaré sucesores. Conmigo nace y muere la poesía.
No diré otras cosas porque no duermo esta noche.
¡Ah, se me olvidaba decir que no amo a nadie, y que nada me interesa!”

Darío Lemos

Nadaísta Darío Lemos con comentario

Obra de Fabián Paz

Fabian Paz retrata a Nadaísta Darío Lemos

Escribe Victor Bustamante:

«Cuando el poeta muere»

  • Sí, Darío Lemos otra vez. Transgresor como ninguno: tierno y sumiso cuando le convenía, iconoclasta desde su poema Yo soy Darío Lemos, al cual permaneció fiel. Mentiroso, vividor, tránsfuga para aprender a sobrevivir en la calle. Ningún poeta en el país ni en ninguna parte fue tan transgresor: repudió y fue repudiado por su familia; sus amigos le sacaron el cuerpo por ser el buen ladrón como lo definió su gran amigo; habían olvidado que su gurú había dicho que los nadaístas eran locos y peligrosos. Inventó nuevas metáforas y un nuevo lenguaje como ninguno de su generación. Nunca fue premiado, ni becado; lo cual sería inaceptable en un espíritu fiel y rebelde hasta el último minuto de su vida; desolada para unos pero exuberante para él.
  • Nunca escribió protegido por nadie, nunca obtuvo un reconocimiento, nunca fue jurado de nada porque el país cultural, perdón, gutural de su momento no lo vio. Nunca escribió por encargo, ni por deseos de figurar, y sin ninguna subvención y por eso es doblemente valioso.
    Fue mas allá, no hasta el límite sino que se hundió en el abismo. Rimbaud, el poeta que más menciona y, a veces detestable, se convirtió en mercader de esclavos. Baudelaire vivió celoso de su madre; Verlaine se reconcilió con su esposa y sus suegros y, no sólo hizo célebre a Rimbaud, sino que vendió su poesía y lo imitó sin ser un mito. Lemos simplemente se abandonó.
  • Ninguno de ellos fue hasta el abismo y ningún escritor, fue hasta esa utopía, siempre en busca de algo nuevo como diría Baudelaire. Tal vez Artaud, tal vez Genet, Celine, Barba Jacob, Bukowski se hundieron en el fango de sí mismos para sacar y exprimir nuevas metáforas y escribir con el corazón transgresor.
    Ningún poeta en ninguna parte fue como él capaz de asumir su maldición, que era su perversidad interior. Destruyó sus castillos interiores, familia, amor, amistad. Siempre permaneció fiel así mismo como una cárcel, su cárcel y su condena. Se destruyó como ningún poeta en ningún momento lo hizo. Hizo de la honestidad intelectual un heraldo, su heraldo y desde ahí nos recrimina.
  • Las reservas poéticas no pueden ser desconocidas. Vivió la ciudad como ninguno, padeció la poesía y sabe de qué y cómo se escribe; se quemó en sus escritos.
  • Si, ahí está Lemos para recordarnos de vez en cuando como es necesario primero, pensar en el papel del poeta.

Víctor Bustamante

Fabián Andrés Paz Gómez:

El valle de la permanencia – «Dario Lemus, el poeta nadaísta que terminó bailando en una sola pata»

Aspiramos, como posibilidad, a que el Escritor-Nadaísta sea un Escritor-Delincuente. O mejor, que la estética y la ética jueguen en el mundo de su elección como valores correlativos y complementarios. En tal forma que al elegir la belleza puedan elegir también el crimen, sin que en estos dos actos haya contradicción ni posibilidad de que el artista pueda ser juzgado o condenado con las leyes prohibitivas de una moral externa y Universal.
GONZALO ARANGO. PRIMER MANIFIESTO NADAÍSTA.

Hay que salvar al país con máquinas robadas. Tendré que robar una.
DARÍO LEMOS. CARTA A JOTAMERIO ARBELÁEZ

En 1958 se dicta una inquietante conferencia, “Primer Manifiesto Nadaísta”, en un bar de la avenida sexta de Cali. Acababa de ser lanzada y publicada en Medellín, en el Bar los Olivos, con notable repercusión en el periódico El Tiempo: “Movimiento negativo de intelectuales surge en Medellín”.

Aparecía en Colombia un movimiento sin programas académicos y de largas melenas, una renovación cíclica en la poesía, una nueva oscuridad conceptual, una legítima rebelión contra el orden de los valores tradicionales, una respuesta violenta a la violencia de la época, una ruptura con la hegemonía conformista, tradicional y centralizada por la que ha atravesado la cosmología de la poesía colombiana y particularmente del piedracielismo, de ideario temático basado en el humor y la ironía “lo demás era literatura”. Mientras en Estados Unidos se daba la Beat Generation, Gonzalo Arango (1931-1976) despeina a la “crítica” conservadora y funda el Nadaísmo, para su desconcierto “la única –catástrofe- en este medio siglo que ha sido duradera” (con “la violencia”), junto a diez poetas menores de edad, “somos geniales, locos y peligrosos”, es su slogan, entre ellos con diecisiete años nuestro Daríolemos, un poeta consecuente con el Nadaísmo: “Todo el mundo cree que dice una gran verdad cuando declara que existe. Yo digo para contrariar la verdad, que yo no existo”.
Gabriel Darío Lemos Laverde nace en Jericó Antioquia la mañana del 25 de marzo de 1942. Una vida marcada por detenciones, internamientos en diferentes centros y excesos que lo llevan, tras una gangrena que cultivó en la pierna derecha después de una operación en su pie a los cuarenta años, a una silla de ruedas “Continúo fielmente los pasos de Rimbaud. ¡Tengo un pie gangrenado! Esta semana mutilarán mi pie derecho, el pie que con tanto carrizo hice en la vida, con el que bailé rock hasta los amaneceres de cocaína y vómito”. Similar destino padecería el poeta Raúl Gómez Jattin (1945 – 1997), precipitado a las calles, sometido a ostracismo crónico como programa de autodestrucción. Quiso morir de vida y la vida se lo tragó por un agujero diferente justo el día de su cumpleaños cuarenta y cinco, el 25 de marzo de 1987. “Me voy un poco triste porque dejo un paisaje desolador en la poesía colombiana”

Elmo Velencia (1926 – 2017) escribe:

Cuando Darío Lemos andaba en silla de ruedas
la gangrena se le fue subiendo por el píe,
el pie con el que pisó la hostia de la Basílica,
según testimonio de una beata.
Él no pisó, la guardó en el libro “La Naúsea”
que estaba leyendo.
En todo caso la gangrena siguió subiendo,
hasta que tuvieron que amputarle la pierna
porque el dolor era intenso.
Si, Darío, yo estaba en Medellín cuando te la amputaron.
La envolvimos en uno de tus poemas y salió volando.
Salió colando tu pierna como un pájaro herido.
Pasó por encima de la Basílica donde sucedió el hecho
y desapareció.
Sus últimos años los pasó en la silla de ruedas. Una bella mujer
de ojos claros, de nombre Sara,
lo paseaba por “Junín”
A veces yo lo empujaba hasta “Versalles”, fuente de soda.
Hablábamos de los culitos de las bellas sardinas que nos habíamos
comido.
Una tarde me dijo: Elmo, quiero morirme.
Y se murió, porque cuando un poeta quiere morirse, no hay poema que lo
detengan.
Como no lo podían enterrar con la silla de ruedas
sus amigos más íntimos la vendieron,
sus amigos, tan queridos todos ellos.
Cómo serían de queridos que con la plata compraron una libra de yerba
y por la noche se la fumaron toda frente a la tumba del poeta.

Si con Rimbaud se iluminó el camino de una poesía auténtica, con Daríolemos el Nadaísmo fabrica otro cielo: “El Nadaísmo no es institución, es un “estado mental”, el espíritu desahogado”. Un “santo” y un ángel de la tierra: “Pero los ángeles también ensucian sus plumas cuando pasan sobre las ciudades y se infectan de esas cosas de los hombres”. Un poeta de diferente naturaleza, desnudo en las aceras: “Mi obra es mi vida, lo demás son papelitos”. Y de quien entregamos, veintiocho años después de su última muerte, un avistamiento a sus abismos, a su poética como un tierno epitafio en este Valle de la Permanencia, título con que deseó llamarlo en una eventual reaparición de sus Sinfonías para máquina de escribir, compiladas por Jotamario Arbelaéz (1940) y publicadas por Colcultura en 1985, complementadas en la presente con otros poemas y cartas a su hijo Boris, a Luz Ángela (Angelita), a Sara y a sus amigos de generación (“Sólo en el caso del amor soporto ser un imperfecto”), rescatado de audios y manuscritos dispersos del poeta, desde su primer escrito a los once años hasta su poema póstumo.

Una obra que debe ser leída, no para reivindicar al poeta, sino para redimir al hombre y reivindicarnos a nosotros mismo: “Mi poesía es veneno, todos merecen morir envenenados”.

Fabián Andrés Paz Gómez
San Juan de Pasto, Agosto de 2.015

En la viva voz de Darío Lemos

“El valle de la permanencia”

*El audio pertenece a la conferencia dictada en la universidad de Antioquia 1981

Darío Lemus celebrando su nuevo libro.

Darío Lemus en el primer programa radial «La voz del nadaísmo»

Darío Lemos en el segundo programa «La Voz del Nadaísmo»» 1968

Darío Lemus – «Montaje de videos hechos en su honor» con comentario de Jotamario Arbeláez

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Nadaístas - Rosa Girasol

1932 - 2010

Rosa Girasol

Poeta, ceramista, profesora, madre, amante de la vida, mujer hermosa, y poderosa.

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Nadaísta Darío Lemos

Jericó, marzo 25,1942 - Medellín, abril 13,1987

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Montaje Nadaísta - Gonzalo Arango

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Rosa Girasol, Dina Merlini, Darío Lemos, Jotamario Arbeláez, Elmo Valencia

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