Jota mario nos da una introducción (El Tiempo.com en 1993)
Prensa y Sensación
Al hombre que puso la poesía en estado de alerta, la regó por todo el país y la insufló de manera indeleble en el alma de la juventud, ahora se le quiere desconocer el título de poeta. Por fortuna para su prosa, se dice, la dedicó al periodismo. Pero creo que fue para pagar su plato de fríjoles, única comida diaria que se permitía ya avanzada la noche, que tuvo que alquilar su pluma a la prensa. La pasión por la creación le quitaba el sueño. Gracias a su insomnio y a su máquina de escribir de letras cuadradas dejó un caudal de literatura asombrosa, expresada en todos los géneros: el poema, el cuento, la novela, el teatro, el ensayo, el panfleto, la carta. Su correspondencia se considera entre las más bellas de la tierra. Muchas de sus obras inéditas conocieron el fuego. Se encuevaba para la poesía y sólo para practicar el periodismo retornaba
al mundo de los humanos. Al sol. Y en el periodismo hizo a su vez maravillas: reportajes, crónicas, comentarios de arte y de libros, artículos
Con la fundación del Nadaísmo se le abrieron unas puertas y se le cerraron otras. Entre las siempre abiertas estuvieron las cárceles y las redacciones de los periódicos. Gonzalo sabía capturar al lector, atraparlo y envolverlo. Los policías sabían hacer lo propio con él.
Todos los periódicos de Colombia y todos sus suplementos publicaron sus colaboraciones, gratis y remuneradas. Tuvo columnas en EL TIEMPO (con su Signo de Escorpión y la otra Bolsa de Valores), El Espectador en el Suplemento Dominical, en La Nueva Prensa (Todo y Nada), en El País (El Callejón de las Chuchas), en El Heraldo (Heraldo Negro), y la Ultima Página de Cromos. Dirigió durante ocho números su propia revista: Nadaísmo y fue colaborador estelar de Esquirla, La viga en el ojo, El Ojo Pop y el suplemento de El Expreso, órganos nadaístas en distintas épocas. En el semanario Contrapunto, de Jaime Soto, publicó por entregas sus memorias de presidiario.
Los periódicos se compraban para leer a Gonzalo Arango y Gonzalo Arango muchas veces no tenía para comprar los periódicos donde escribía.
Don Camilo Restrepo, director de Cromos, lo hizo su pupilo. Le dio su voto de confianza y lo primero que hizo El Profeta fue presentar en una serie de entrevistas a sus compañeros de generación, mezcladitos con otros importantes personajes del mundo de la cultura. Y los altos personajes de la política comenzaron a aspirar a ser entrevistados por el insolente. Eso daba prestigio y puntaje. Gonzalo hizo unas pocas incursiones en eso tan espinoso y tiró la toalla. Entonces se dedicó a narrar sus aventuras de la herrancia. Sus Crónicas de Gonzalo el Simbad en alta mar;
o Por los caminos de Francisco el Hombre; o en el Pacífico; en la isla de San Andrés y en el Vaupés.
Lo seguimos leyendo, como si fuera un escritor de ultratumba, porque entidades generosas quieren revivirlo en el corazón de la juventud,
tan necesitada hoy de paradigmas.
Eduardo Escobar también comenta en Procultura (Colección Clásicos Colombianos. No7), 1989
Acerca de la obra de Gonzalo Arango
Su obra y su vida hay que pensarlas impregnadas en el pensamiento y el estilo del caminante envigadeño, por el aroma místico y el aire panfletario, la voluntad de hacer de la escritura un camino de introspección y transmutación y conocimiento de sí mismo, una meditación acerca del alma del mundo y enseñanza viva,
no un parapeto de porcelana para exhibir la artesanía,
ni solamente el púlpito del sufrimiento personal y de la propia contradicción, sino mensaje de vida para el futuro. Palabra de tierra, presente.
La obra de Gonzalo Arango pues, sería, primordialmente, él mismo. Y el nadaísmo, su espacio. Lo demás es literatura, como decíamos.
No es poco: es ahora la única forma que tenemos de acceder al interior de esta persona.
La obra literaria de Gonzalo Arango solamente fue publicada en mínimas ediciones y el resto está regado en periódicos y revistas y plegables y comunicados mimeográficos.
Inconseguibles.
Sea como sea en los últimos años despojados, apartado de la literatura del consumismo cultural, solamente reclamó para sí mismo el magnífico título de poeta
que dignificó con su hombría.
Por lo demás, ya sabemos, era un hombre educado, sabía ser cortés cuando quería y en uno de sus breves textos póstumos dejó esta “Despedida”:
“Creo haber cumplido la vibración para la cual fui destinado en una determinada instancia del suceder histórico con la vida, mi destino personal, mi generación.”
“Bien o mal, he cumplido; gracias”.
































